El título del blog se escribió solo en una tarde de febrero. Estaba destinado a ser un acopio de canciones —optimistas, orgullosas— que un día se reproducirían en un bar con alma libertaria que no se ha dejado corromper por el paso de los años —y algún que otro siglo—. Y ha acabado siendo esto. Un blog. Algo, quizá, tan extravagante como juntar al optimismo y a Pizarnik en un mismo concepto —culpable—. Pero, al fin y al cabo, era lo que debía ser, lo que me ha movido a la siguiente pantalla del juego. El nombre ha sido solo la miguita de pan. Y las miguitas de pan también hacen camino.
Tengo la ilusión de que El vermut se convierta en un lugar de liberación y transparencia, pero también de encuentro. Como lo es el vermut de verdad, el que sabe a barrica, el que dispara una descarga de <añade_tu_palabra> en cuanto la punta de la lengua lo roza. Tomarlo es un acto de deliberada independencia, de rebeldía, pero también de camaradería. El vermut posee la ilógica capacidad de unir y provocar que el que está sentado enfrente se acerque al puente y se atreva a saltar contigo. Pruébalo. No lo dudes un segundo. El paisano de ahí vendrá a ti y lo hará. Sin más explicaciones.
De la misma forma, yo también espero que los que se aproximen a esta versión online del vermut se sumerjan hasta los pies. Coger botella de oxígeno o no será una decisión personal.
Mi intención es llenar cada mililitro de distintas versiones del mundo, de gente con historias eclécticas dispuesta a ayudarme a agitar la copa, aunque eso implique mezclar. Pero que levante la mano el que no tenga ni una sola efeméride de existencia surgida de la fusión. De bebidas, cerebros o sexos. O de todo junto a la vez.
A todo esto, no sé si la buena de Alejandra se tomaba vermuts. O si los vermuts la tomaban a ella. O si se tomaban mutuamente atrapados por sus dulzuras —un momento, ¿Pizarnik = optimismo + dulzura?—. De cualquier forma, es una asociación que fluye, que tiene continuidad, como un atasco en la M-30 a las tres de la mañana —©—. Algo así como una rueda que no se detiene nunca y que habla de conceptos destinados a encontrarse. A esa hora o a cualquier otra. En Buenos Aires o en Madrid. En este blog o en el de Dulceida. ¿Qué más da? Pero siempre acompañados del tintineo de los hielos.
Y que así siga siendo.
Chinchín.
La Vermutera ![]()
